Prevensión y seguridad: ¿una inversión rentable?

¿Está afectando la situación económica la prevención de riesgos laborales? ¿De qué modo? ¿Son conscientes las empresas sobre la necesidad de prevenir o se sigue viendo como un imperativo legal que hay que cumplir? Está demostrado que una buena gestión de la salud y seguridad en las empresas es síntoma de una buena salud económica y de una mejor productividad. Por Ing. Eduardo Javier Granda*

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Efectivamente la situación económica actual está afectando de forma notable a los departamentos de seguridad e higiene industrial, ya sean internos como externos. Los recursos disminuyen y ya se sabe que a menudo cuando hay limitaciones se piensa más en poder pagar y cobrar, que en inversiones de cualquier índole, y entre ellas la seguridad. Asimismo, estas estrecheces provocan muchas veces reducciones de horas y de personal que a su vez implican que aquella tarea que antes se hacía entre cinco operarios, hoy se hace entre tres más las horas de más que tiene que hacer el empresario, con lo que el tiempo apremia, la prudencia escasea, la prevención se mira de reojo.

Esta misma prisa ha provocado también un aumento de accidentes de tránsito, y que el accidente in itinere no pare de subir.
Si analizamos las encuestas sobre la motivación a partir de la cual los empresarios invierten en prevención, es sorprendente ver el alto porcentaje que aún responde que lo hacen porque lo indica la Ley o para no ser sancionado. Evidentemente hay de todo, y no es cuestión de criminalizar a nadie, pero es real.

No obstante, está más que demostrado que una buena gestión de la salud y seguridad en las empresas es síntoma de una buena salud económica y de una mejor productividad. Existen muchas empresas que empezaron con la motivación de evitar sanciones, y viendo los resultados han terminado por ser unos defensores de la prevención como factor de competitividad. A mi juicio los organismos de control todavía no son conscientes de ello y no se invierte lo suficiente en intentar transmitir esta idea al empresariado. De todos modos, creo que se está llevando una política sancionatoria bastante desafortunada y a menudo incongruente que sólo sanciona sin premiar o ponderar lo bien que haya podido actuar una empresa más allá de la obligación legal. No podemos aplicar únicamente el castigo por un lado sin pregonar el fortalecimiento por el otro. Se debe ponderar y actuar en consecuencia.

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¿Cómo se están adaptando las compañías a los tiempos que corren?

Si una cosa tiene el empresariado argentino es que es reacio al cambio, a salir de su zona de confort. En este sentido, los profesionales no podíamos ser menos y la verdad es que desde mi punto de vista hay una voluntad generalizada de no querer evolucionar demasiado. La legislación está en pleno cambio, no hay más que ver las últimas resoluciones dictadas por el Gobierno apostando a la disminución de la litigiosidad. Y hay que hacer más cambios, eso está claro. Ahora bien, el sector es cauto esperando que se vaya rediseñando el mapa de la prevención de accidentes y los servicios de las ART.

Muchos hemos apostado por ofrecer servicios avanzados en prevención de accidentes. Estamos sufriendo la crisis como todo el mundo pero sin embargo hemos podido mantenernos e incluso bajar los índices de siniestralidad. ¿El secreto? La motivación al personal. Solución: construir un servicio de prevención con una base de ingeniería especializada, con servicios afines que han ido creciendo con el avance de la tecnología.

¿Cree que el concepto de prevención de riesgos laborales está correctamente planteado en la legislación?

Tenemos una legislación extremadamente compleja en este sentido, pero realmente creo que el problema no radica tanto en cómo está planteado el concepto de prevención en la normativa, sino en la aplicación e interpretación de esta, tanto del empleador como de los organismos de control. Como decía anteriormente, encontramos con demasiada frecuencia empresas que han hecho una tarea encomiable y un gasto muy importante, y las sancionan porque no han documentado la entrega de unos EPP’s. Ello desmotiva a cualquiera. Se debería ponderar el proporcionar oportunidades de mejora e incluso felicitar al empresario ejemplar.

A nivel judicial también creo que hay una interpretación excesivamente paternalista de la prevención y a menudo queremos proteger tanto que nos desprotegemos. He visto un par de sentencias. La primera es una condena penal a un profesional de seguridad por no haber previsto un riesgo que era bastante inverosímil, y la otra se le inculpaba a un profesional por el simple hecho de que no tenían identificados a los verdaderos responsables. ¿Qué se provoca con ello? Que a partir de ahora los profesionales y técnicos sobreidentifiquen riesgos para evitar ser imputados.

Creo que entre todos debemos pregonar para que el sentido común vuelva a imperar en este ámbito.

* Especialista Certificado en Protección Contra Incendios CEPI (NFPA).
Jefe de Seguridad Industrial – Gador S.A.

Más información: www.gador.com

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