Dispersantes químicos mejoraron la calidad del aire en el vertido de petróleo

Un nuevo estudio demuestra un efecto beneficioso: disminuye las cantidades de compuestos tóxicos volátiles.

El informe del “Proceedings of the National Academy of Sciences”, hizo foco en un nuevo estudio financiado por la Iniciativa de Investigación del Golfo de México y la Fundación Nacional de Ciencia estadounidense, sobre un efecto beneficioso de los dispersantes. El equipo de investigación formado por científicos, determinaron que al disgregar el petróleo en pequeñas gotas de agua que se disolvían más rápidamente en el océano profundo, los dispersantes disminuyeron las cantidades de compuestos tóxicos volátiles que subieron a la superficie y se desparramaron en el aire.

Mejorando drásticamente la calidad del aire de los agentes que operaban en la zona para resolver la catástrofe y redujo el número de días en que la calidad del aire fuese mala y en especial, que el personal de emergencias, tuviera que usar respiradores o debiera suspender los esfuerzos de limpieza.

El informe detalla que los dispersantes se han aplicado a las manchas de petróleo en la superficie del oceáno durante medio siglo, para descomponer el petróleo en gotas más pequeñas, que se disipen en las aguas del océano abierto, de modo que llegue menos crudo a ls costas ecológicamente sensibles. Sinembargo, nunca se habían utilizado a un profundidad sin precedentes de 5.000 pies (1.524 metros).

Las “gotitas de crudo” fueron aproximadamente 30 veces más pequeñas (en volúmen) de lo que habrían sido sin los dispersantes. La inyección de dispersante redujo 500 veces las concentraciones atmosféricas de benceno.

La prueba científica
Los científicos construyeron y probaron un modelo matemático que simula las complejas interacciones químicas y físicas entre el agua, el petróleo, el gas y el dispersante que ocurrieron durante el desastre ecológico de la “Deepwater Horizon – 2010”, la plataforma petrolera que explotó, a 70 Km al sureste del Delta del río Mississippi, en el corazón del Golfo de México. Estimaron cerca de 900 millones de litros de petróleo llegaron hasta el fondo del mar, extendiendo una mancha de petróleo del tamaño del estado de Connecticut a través de la superficie del Golfo. Añadiéndose otros 7 millones de litros de dispersante tóxico.

Goldo de méxico petroleo derrame

 

El modelo reprodujo muchos aspectos de lo que ocurrió con el petróleo y el gas, bajo la superficie del océano. El equipo de investigación utillizó el modelo para comprobar qué hubiera sucedido si no se hubieran inyectado inmediatamente los dispersantes por encima de la cabeza del pozo y su resultado definió que, la inyección del dispersante en aguas profundas tuvo un profundo efecto sobre la calidad del aire en la superficie del océano, provocando que el chorro turbulento de fluídos petrolíferos formara gotitas de crudo que eran aproximadamente 30 veces más pequeñas (en volúmen) de lo que habrían sido sin los dispersantes, según los resultados del modelo.

El estudio determinó que la mayor parte del benzeno y tolueno, altamente tóxicos en el petróleo, fueron transportados lejos en corrientes profundas. Finalmente, sin la inyección de dispersante, el modelo que las concentraciones de benceno en el aire: dos metros sobre la superficie del mar, habrían sido 13 veces más altas que los niveles considerados aceptables para respirar durante un día de trabajo de 10 horas o una semana de trabajo de 40 horas, en función de las directrices del Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos.

El informe fue determinante: la inyección de dispersante redujo 500 veces las concentraciones atmosféricas de benceno, considerados aceptables para respirar por NIOSH.

Más Información: www.pnas.org


El equipo de científicos estuvo compuesto por Jonas Gros, Scott Socolofsky, Anush Dissanayake de la Texas A&M University (EEUU), Lin Zhao y Michael Boudafel del Instituto de Tecnología de Nueve Jersey (EEUU), Christopher Reddy de la Institución Oceonográfica de Woods Hole (EEUU) y J. Samuel Arey del Instituto Federal Suizo de Ciencias Acuáticas y Tecnología.
Jonas Gros, Scott Socolofsky, Anush Dissanyake